- ¿Vas a decir algo?- preguntó ella con tono triste y voz baja.
Los pensamientos de él eran fugaces, un tren de ideas sin aclarar, pensaba en comenzar a odiarla y se reía de si mismo al saber que le era imposible. Luego se quedaba nadando en la idea de agradecerle todo lo vivido, los momentos de felicidad y el tiempo que ella le dedicó, pero cuando sus palabras iban a ser arrojadas, suaves suspiros le enredaban la lengua y le borraban su discurso. Ideas inciertas de correr entre la nada asomaban por sus ojos, y él, aguantando las lágrimas escondía su mirada en cualquier objeto insignificante que hubiese alrededor. La miraba, miraba sus ojos, sus labios, aquellos de los que fue prisionero, y se lamentaba por no haber podido hacer nada más por mantener lo que él tanto añoraba, su tesoro, su locura, su princesa. Incómodo trataba de pararse y salir del lugar en un acto de tristeza, pero su subconciente le obligaba a quedarse, no para hablar, sino para contemplar por largo rato lo que estaba apunto de dejar. Ella le miraba esperando una respuesta pronta, él le miraba también con la intención de decirle algo, pero luego, comenzaba de nuevo, agachaba su cabeza y comenzaba a recordar desde el primer día en que le conoció, desde el primer día hasta el último, se recordaba incluso hasta de los 5 segundos anteriores. Él colocaba su cabeza sobre sus manos en señal de su tristeza y pensaba en aquellas expectativas que había cobijado en su corazón.
Él se puso de pie, y dió la única respuesta que podía entregar de manera coherente.
- No- Y caminó sin destino abandonado de sus ilusiones.















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